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#106 Portugal: un buen ejemplo

Fueron un imperio tan impresionante como el español, al que hicieron sombra por la corrupción creciente y la acumulación de dirigentes inútiles en este lado de la historia. Nos separa una frontera que es transparente desde hace muchos años. Dejamos de visitarles para hacernos con toallas y ropa de cama para considerarlos como segunda residencia e incluso residencia fiscal. Accedieron a la democracia unos años antes que España, con la revolución de los claveles al son de Grândola, Vila Morena en las radios de todo el país. Son una república sin estridencias. Los partidos sensatos se unen para la estabilidad. Portugal es un referente ignorado por muchos españoles. Sin embargo, marcan el camino a seguir en muchos aspectos concretos de nuestras vidas. También en el siniestro mundo de los incendios forestales.

2017 fue el año horrible en Portugal. Más de medio millón de hectáreas se quemaron, dejando un terrible balance de 66 muertes y el recuerdo de sus principales ciudades asediadas por el fuego, ahogadas entre el humo y la ceniza ardiente. Aquel año significó un antes y un después para el pueblo hermano portugués en lo referente a la lucha contra los incendios forestales. Hoy es el referente europeo por antonomasia, reconocido por la UE y con programas que son la envidia de muchos países desarrollados. El drama de aquellos fuegos fue un punto de unión nacional, no un motivo para que los diferentes partidos se matasen entre sí para culpabilizarse del desastre. Los diferentes gobiernos que desde entonces gestionan Portugal pueden sufrir las inestabilidades lógicas de todo sistema democrático. Pero todos han entendido que existe un objetivo común irrenunciable: diseñar un sistema de emergencias que funcione y les sirva a los ciudadanos. La envidia para los españoles, que vemos estos días fuegos y fuegos, a cada cual más terrible, con la sensación de abandono absoluto del conjunto de las administraciones que conforman el complejo modelo de Estado en España.

Los incendios forestales se han convertido en una plaga que amenaza con la desaparición de la masa verde europea. Según datos de la UE, la media anual de impacto económico en la Unión en el último decenio supera los veinte mil millones de euros, incluyendo el coste directo de extinción y los impactos ecológicos y económicos. Los países del sur, España en particular, sufren este azote de manera más severa. Dentro del apocalipsis, EFFIS (European Forest Fire Information System) reconoce el modelo portugués como el más desarrollado y moderno para la prevención de incendios. Junto con el caso de los EE. UU. y Canadá, intensivo en el uso de nuevas tecnologías, o China, capaz de forzar lluvias en zonas con grandes incendios, el modelo portugués es ejemplar no solo por la combinación de tecnología y recursos: es también un modelo organizativo ejemplar.

Lo que hace envidiable el caso portugués es el hecho de haber pasado en relativamente pocos años de un modelo reactivo a uno preventivo y de gestión del territorio. Comenzaron con un concienzudo y detallado análisis estratégico y de planificación que dio como resultado un Programa Nacional de Defensa de la Floresta contra Incendios (PNDFI). Dicho programa fue desarrollado territorialmente, a nivel municipal, priorizando la prevención. Uno de sus elementos claves es la integración de la gestión del riesgo de incendios en el ordenamiento del territorio y los planes de uso del suelo. Es idílico hacerse una casa rodeada de monte, pero cuando este llega, si las cosas no se han hecho bien, terminará con las construcciones y, seguramente, con las vidas de sus ocupantes.

El Plan desarrolla un modelo de gestión de la “carga de combustible forestal”, creando amplias redes de cortafuegos y franjas de terreno limpias de combustible forestal alrededor de núcleos rurales, infraestructuras y un mosaico de zonas de alto valor ecológico o paisajístico. Define también un sistema de uso del suelo, alternando cultivos, pastizales y zonas forestales de montes bajos y grandes masas forestales. Con ello pretenden que, si el incendio aparece, no suponga un destrozo general de amplias zonas forestales o un peligro para la vida.

Los propietarios, desde que se aprobó dicho Plan, están obligados a la limpieza de vegetación en terrenos privados, incluyendo zonas de cultivo, y en la franja periurbana alrededor de construcciones, todo ello acompañado de un esquema de sanciones suficientemente severo como para que los ciudadanos se tomen en serio el compromiso contra los incendios forestales. Para los pequeños propietarios que no pueden asumir estos trabajos, el Plan contempla subvenciones y apoyos tales como un sistema para compartir maquinaria o compensaciones económicas estimadas con una base transparente y bien reglada.

Otro de los pilares del Plan es el sistema de incentivos económicos para la gestión activa de los montes y masas forestales, impulsando el uso de leñas y maderas para la limpieza de los montes, fomentando el pastoreo y otras actividades económicas que reduzcan el combustible. Es reseñable también el sistema de gestión de baldíos y montes comunitarios que pretenden la recuperación de su uso y el mantenimiento de estas masas forestales.

Históricamente, los bomberos en Portugal son aportados por organizaciones sin ánimo de lucro mediante voluntarios. El Plan incide en la profesionalización de los recursos humanos que intervienen en la lucha contra los incendios. En particular, Portugal ha creado un sistema de brigadas y plantillas de profesionales con carácter permanente para trabajos de prevención, no solo de extinción. La formación continua, campañas de capacitación para los cuerpos de bomberos y guardas forestales, así como la formación de gestores locales, son otros de los elementos del Plan. Así mismo, se desarrollan técnicas activas de prevención, como el uso sistemático de quemas prescritas y controladas para evitar que determinadas zonas se conviertan en bombas de fuego, desbroces programados y tratamientos silvícolas orientados a la reducción del combustible fino y vegetación que facilite la continuidad vertical de los fuegos.

La vigilancia es un elemento fundamental de este Plan. Basada en nuevas tecnologías, con el uso de sistemas complejos y de IA, buscan la detección y el ataque temprano de los incendios. A las torres tradicionales, todavía en uso, se añade un amplio sistema de cámaras, sistemas automáticos de detección de humos y puntos calientes, combinando el uso de datos satelitales, drones y modelos meteorológicos en tiempo real. Dicha tecnología se complementa con una red de centros de coordinación dotados de toda la información en tiempo real.

El verdadero éxito del Plan se basa en el sistema de gobernanza. Dos organismos son los únicos responsables de la ejecución de todo el Plan en el conjunto del territorio portugués, independientemente de las atribuciones territoriales de otras administraciones. Nuestros amigos lusos han comprendido que no existen límites territoriales para el fuego y las emergencias. Y se han puesto a atacar el problema de raíz sin miramientos locales. Una utopía en el caso español…

El Plan pone especial énfasis en la comunicación y la educación de la ciudadanía, con campañas de sensibilización para la limpieza de parcelas, medidas de prevención en época y zonas de riesgo. Los municipios tienen un rol fundamental mediante el impulso de programas comunitarios, involucrando a los vecinos y el tejido económico e industrial de cada zona, con talleres de formación y ejercicios de simulación incluidos.

Portugal ha dado un salto tecnológico cuántico en los últimos años para no verse de nuevo en el infierno de 2017. Han dejado de lado la vigilancia visual, las famosas torres, en favor de una gestión basada en datos en tiempo real. Emplean información de satélites, principalmente el sistema Copernicus de la UE, y el EFFIS (European Forest Fire Information System), que proporciona mapas de riesgo y detecta puntos de calor en tiempo real. El sistema Sentinel-2, que permite la evaluación de daños postincendio con una precisión de centímetros, que ayuda a la rápida planificación de la recuperación de los suelos afectados por un incendio. Con el uso de IA, a modo de cerebro, el conjunto de sistemas empleados por los gestores forestales y de emergencias permite disponer de modelos predictivos en todos y cada uno de los centros de coordinación de la red. 

He dejado para el final el detalle del modelo de gestión. La verdadera clave. El sueño imposible para los españoles, que vemos cómo partidos, políticos y administraciones usan el fuego para enredarse en sus batallas diarias, olvidando que sirven a los ciudadanos.

Para desarrollar este Plan, los portugueses han diseñado un sistema que se basa en dos entidades: el ICNF (Instituto da Conservação da Naturaleza e das Forestas) y la ANEPC (Autoridade Nacional de Emergência e Proteção Civil). Empecemos por este último. La ANEPC es el organismo central, autoridad, responsable de la planificación, coordinación y ejecución de la política de protección civil. Actúa no solo en casos de incendios, sino también con otras catástrofes naturales o fruto de la actividad humana. La ANEPC no es un cuerpo de bomberos o agentes de protección civil: es el cerebro que coordina a todos los agentes involucrados en un fuego. Su estructura se divide en diferentes niveles. A nivel central, desde su sede y centro de control principal, define las estrategias, gestiona los recursos aéreos y coordina las grandes emergencias. Los grandes fuegos, como el reciente en Madrid, Ávila y Toledo, habrían sido atacados de forma inmediata por este organismo, si existiera en España, sin necesidad de que una comunidad autónoma le pida al Estado que actúe para que, después de muchas horas, acceda a enviar unos pocos y limitados recursos. Sencillamente, es su función. Su trabajo diario.

A nivel regional, la ANEPC dispone de hasta seis Comandos Regionales: Norte, Centro, Lisboa y Valle del Tajo, Alentejo y Algarve. Estos centros ejercen las funciones de la ANEPC en el terreno específico de cada región. A su vez, existe en cada Comando Regional un conjunto de Comandos Operativos que son responsables de la respuesta operativa cercana.

La ANEPC dirige a todos los actores como mando único. Su brazo ejecutor esta formado por los bomberos, mayoritariamente voluntarios en Portugal (organizaciones humanitarias), junto con bomberos profesionales o zapadores. A ellos se les suma la Fuerza Especial de Protección Civil, los llamados canarinhos, profesionales altamente especializados en diversas materias. Otras dos entidades se suman al conjunto de recursos manejados por la ANEPC: GIPS, grupos de intervención formados por unidades especializadas de la Guardia Nacional Republicana; y AFOCELCA, un dispositivo que integra a empresas forestales y entidades empresariales. La cadena de mando en un incendio la lidera siempre ANEPC, que tiene definido un sistema de gestión integrada de fuegos rurales (SGIFR) aplicando una lógica simple: el primer bombero que llega a un fuego es el que asume el mando. Si el incendio escala, la responsabilidad sube a un comandante del Cuerpo de Bomberos y, para casos graves, al centro de mando de la ANEPC. Simple, eficiente y lógico. Con profesionales. No con responsables puestos a dedo por los partidos políticos de turno sin la menor experiencia en emergencias.

La ANEPC tiene la potestad de movilizar recursos de todo el país hacia los puntos críticos, independientemente de si una zona es jurisdicción de un municipio. Sin discusiones. Con un mando centralizado que emplea tecnología, sistemas de comunicaciones únicos para todo el país y profesionales bien entrenados.

Por su parte, el ICNF es el “gestor de los bosques”: el responsable de que el monte esté limpio y de aplicar los planes concretos de prevención y planificación. Con mando nacional. Punto. Aunque depende del Ministerio de Agricultura y Pesca, tiene un carácter autónomo, como autoridad nacional, si bien las regiones autónomas de Azores y Madeira disponen de sus correspondientes organismos, dada la singularidad insular. El ICNF es un actor tan fundamental en la lucha contra los incendios forestales como la ANEPC. Elabora cada año un Plan Nacional de Gestión Integrada de Fuegos Rurales. Supervisa la gestión del combustible, ejecutando las normas de limpieza de terrenos y la gestión de la biomasa. Además, gestiona las Áreas Protegidas, donde la prevención de incendios tiene protocolos específicos por su elevado valor ecológico. En definitiva, es la autoridad técnica y forestal. Manda y multa. En todo el territorio.

El resultado de este modelo ya es palpable. A pesar de la contaminación de incendios procedentes del lado español, Portugal ha logrado reducir de forma drástica el número de mega incendios (incendios que afectan a más de 10.000 hectáreas), así como la duración de la extinción de los incendios. La fórmula del mando único funciona y países como Chile y Grecia están copiando el modelo para incorporarlo en su propio ordenamiento.

Produce una cierta depresión, después de emplearme en el análisis del modelo de nuestros vecinos, volver a la realidad de España. Con un gobierno que emplea constantemente las tragedias para atacar a los que considera sus adversarios —jamás entenderé que un gobierno olvide a una inmensa mayoría de sus ciudadanos para culpar a sus adversarios políticos, pese a que con ello se ponen en riesgo vidas y propiedades—, con un modelo de gobernanza impreciso, con sistemas tecnológicos anticuados y no integrados, con más visión ideológica que práctica. Con todo ello convivimos en mi país. Y el horizonte parece tan negro como el paisaje que dejan los incendios cada año en el mapa territorial español.

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