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#25 Ilan Pappé y Amira Hass: escritores comprometidos con la paz en Palestina

La guerra de Israel en territorios palestinos, desatada tras los terribles atentados y secuestros perpetrados el 7 de octubre de 2023 por Hamás, que dejaron un saldo de más de mil cuatrocientos muertos y centenares de secuestrados, ha devuelto al mundo a la realidad de un conflicto casi milenario entre judíos y árabes palestinos. En un escenario de odio mutuo, profundamente arraigado desde la expulsión de los judíos de Galilea en el siglo II D.C., no es tarea sencilla encontrar opiniones y escritores que sean capaces de aportarnos una visión equilibrada del drama que se vive en Tierra Santa. Sin embargo, hay dos escritores israelitas que llevan toda su vida literaria y periodística documentando el drama humano y los métodos aplicados por Israel en territorio palestino. Una vocación que les ha puesto en el punto de mira de sus propios compatriotas.

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Amira Hass, una periodista destacada en Ramala, Cisjordania, y Gaza, ha dedicado dos décadas para relatarnos la vida de los palestinos en un período en el que la Autoridad Palestina lanzó las dos Intifadas como muestra de rechazo a la ocupación judía de territorios y casas palestinos. Su libro “Crónicas de Ramala” (Galaxia Gutenberg) es un dramático repaso de la vida diaria en Cisjordania, el territorio mal definido en un armisticio en 1949 en el que quedaron enjaulados, palabras propias de Amira, los palestinos tras la creación del Estado de Israel en 1948.

El padre de Amira sobrevivió al holocausto nazi en el gueto de Transnistria, en Rumanía, mientras que su madre, judía sefardí, luchó con los partisanos de Tito, en Sarajevo, después de haberse salvado del exterminio en el campo de concentración de Bergen-Belsen, en la baja Sajonia alemana. No existen dudas de su raza ni de su defensa de los valores de la religión judía. Y, sin embargo, su valentía la llevó a vivir en “la jaula” una buena parte de su vida.

Amira nos detalla la violencia, la opresión diaria, la ceguera y la rabia de los que matan por ganar unos pocos metros cuadrados más de territorio frente a la venganza, también asesina, de los que sufren todas las humillaciones imaginables. Nos describe la cotidiana realidad del deseo de dos pueblos que solo quieren la muerte del otro, la muerte del invasor —a ojos de los palestinos— y del usurpador —desde el sentir de los judíos. No es una posición sencilla para una ciudadana de Israel, más bien se trata de una postura valiente y comprometida que busca quizás un imposible: la convivencia pacífica de dos comunidades irreconciliables.

Los palestinos se refieren a la creación del Estado de Israel en 1948 como la Nakba, la catástrofe. En el Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP) celebrado en 1947, el líder de la comunidad judía, David Ben-Gurión, que terminaría siendo el primer ministro de Israel, se quejaba de que siendo los judíos un tercio de la población en territorios de Palestina, apenas disponían, entonces, del 7 % de la tierra. Los cerca de 600.000 judíos se quejaban al mundo de que los palestinos, algo más de un millón de habitantes, eran los que disponían de las tierras más fértiles. La ONU, seguramente impresionada por el terrible holocausto sufrido por el pueblo judío a manos de los nazis, le dio la razón a Ben-Gurión y, en el momento de la creación del nuevo Estado, asignó el 55 % del territorio a Israel.

El” problema” de los judíos en Palestina es eterno. A comienzos del siglo XX Palestina formaba parte del Imperio Otomano. No existían unas fronteras definidas de lo que hoy es Israel, ni de un país que se llamase Palestina. El sionismo, una ideología fundada por un periodista austriaco de origen judío, Theodor Herzl, como respuesta a la ola antisemita que sufría toda Europa y Rusia, nació, como tantos otros movimientos nacionalistas, a finales del siglo XIX. Su objetivo no era otro que el establecimiento de una patria judía en Sion, Jerusalén en hebreo, mediante el fomento de la emigración de todos los judíos del mundo a los territorios de Judea. Los ingleses, que ya pretendían tener una influencia decisiva en Oriente Medio, apoyaron el movimiento sionista. La declaración de Balfour en 1917, una carta firmada por el ministro de Asuntos Exteriores británico al líder sionista inglés, prometía todo el apoyo del Imperio hasta el establecimiento de un “hogar nacional judío” en Palestina. Eso sí, indicaba que en ese proceso se deberían respetar todos los derechos religiosos y civiles de los habitantes de Palestina. Un deseo jamás cumplido.

La declaración de Balfour dio alas a la migración judía hacia Palestina, pero desde el comienzo de ese nuevo flujo, antes de la Segunda Guerra Mundial, ya se fueron dejando de lado los llamados derechos civiles de los palestinos y también de las comunidades cristianas. Tras el colapso del Imperio Otomano, bajo mandato británico, los judíos fueron colonizando Palestina. Los sionistas, armados por los británicos, se fueron adueñando a la fuerza de las mejores tierras. Los conflictos entre las dos comunidades eran inevitables. De ese modo, la comisión Peel del Parlamento británico propuso en 1936, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial y con los nazis ejerciendo una criminal presión sobre la comunidad judía, la división de Palestina en dos Estados, uno judío, que iría desde Galilea hasta el mar, incluyendo Tel Aviv y las tierras más ricas para la agricultura, y otro palestino, bajo control de la dinastía hachemita (Jordania) que incluirían el desierto de Néguev, Cisjordania y Gaza. La solución de los dos Estados aparecía por primera vez hace casi cien años. Pero las posibilidades de materializarse ya eran por entonces poco menos que una quimera. En 1936, la conjunción de británicos y sionistas, armados por éstos, había matado a más de 5.000 palestinos. Más de un 10% de la población palestina fue asesinada, herida, encarcelada o enviada al exilio en aquellos años. Y faltaba por llegar la Nakba.

El segundo de los autores que les propongo es Ilan Pappé. En su libro “Los palestinos olvidados: Historia de los palestinos de Israel” hace un repaso histórico profundo desde 1948 hasta comienzos del siglo XX de la vida de los palestinos en el Estado de Israel. Su relato se solapa en el tiempo con el de Amira Hass durante el final del siglo pasado, con las dos intifadas como colofón del delirio de odio y sangre que se viene desplegando entre las dos comunidades. Pappé rebate y argumenta metódicamente un principio que los dirigentes de Israel defienden como prueba de que su posición en el conflicto es la verdadera, la justa, la que debe de ser apoyada por todos. Pappé nos demuestra que Israel no es una democracia, pues no existe democracia cuando se vulneran los derechos de una parte de la ciudadanía. Para ello, Pappé hace un relato casi actuarial de esas violaciones, pasando por la expropiación forzosa de las tierras a la limitación de derechos civiles elementales para la población palestina, como la representación parlamentaria.

Ambos autores pueden ser juzgados por excesiva simpatía hacia las reclamaciones palestinas. En un mundo tan dividido como el que vivimos en la actualidad, resulta sospechoso cualquiera que trate de explicar las razones históricas o cotidianas de la situación de opresión de uno de los dos contendientes. Tanto Pappé como Hass son, en ese sentido, precisos. Igual que relatan el evidente abuso de la fuerza por parte israelí denuncian la brutal corrupción de los diferentes dirigentes palestinos, más interesados en beneficiarse del auxilio económico que el mundo desea brindarles a los palestinos que de mantener una posición consistente frente al avance imparable del sionismo.

La nueva Administración Trump ha conseguido que cesen, momentáneamente, los disparos y las bombas. Pero sus planes para Gaza parecen ser el último eslabón del sueño sionista: la expulsión completa y definitiva del pueblo palestino en Gaza. Si el Gobierno israelí y Trump se aplican en la expulsión de los palestinos en Gaza, asistiremos a un nuevo flujo masivo, inhumano e injusto, de millones de almas, un drama que recuerda a los sufridos en sus propias carnes por el pueblo judío a lo largo de la historia.

2 Comentarios

  • Gloria
    Al corriente 19/02/2025 en 21:44

    Interesantisimo y un tema que me interesa especialmente porque la historia la escribe de manera muy diferente. El libro de Hass me lo acabo de comprar

    • Autor de la publicación
      Tomás Aranda
      Al corriente 02/03/2025 en 12:59

      Gracias, Gloria. Creo que son dos buenos libros para tener una visión amplia del conflicto judeo-palestino. Llevan siglos así, el problema es que, ahora, los judíos disponen de un poderío militar inigualable. Me interesaron sobre todo por ser dos escritores judíos. Aunque más bien de izquierdas, su visión no puede considerarse sospechosa de apoyar sin más a los palestinos. El futuro… soy bastante pesimista. Disfruta de los libros, amiga!!

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