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#93 Mila: una ingeniera sin complejos

Desde que nos conocemos, hace ya más de 30 años, no recuerdo ni una sola vez en la que no llegase con una sonrisa adornando su cara de eterna juventud. Nos hemos citado en un restaurante. Es viernes. Ella no perdona alegrarse por la llegada del fin de semana. Aunque le toque trabajar. O subirse a un avión, camino de Miami, para cuidar de su nuevo motivo de orgullo. Su empresa, Gesnaer, ha conseguido lo que a muchas se les resiste: hacer negocios en los Estados Unidos, compitiendo con empresas de ingeniería que son auténticos monstruos si se las compara con las españolas. Mila es una ingeniera y directiva sin complejos. Una mujer fuerte, de las que no han necesitado de grandes desarrollos legislativos para crecer profesionalmente.

Un buen profesor de matemáticas fue su razón para lanzarse a estudiar una carrera técnica. También la pasión que le transmitía su padre para la electrónica. Las televisiones que había en mi casa las hacía él. Desde muy niña ya me dejaba trastear con los circuitos electrónicos, me cuenta, con un brillo en los ojos que le delatan el orgullo y la admiración. Estudiaba en un instituto para chicas. Los chicos iban a las puertas a esperarnos. Cuando terminó el COU, recibieron la visita de las principales universidades de Madrid. Pero, ninguna de ellas fue a explicarles que las mujeres también podían ser ingenieras. La Universidad Politécnica, la que se encargaba de las carreras técnicas y de ingeniería, no apareció por su instituto. No le gustaban las letras. No la retaban. Y si algo distingue a Mila es su irrefrenable búsqueda de nuevos retos. En la vida y en el ejercicio profesional.

La democracia ya estaba bien instalada en la sociedad española cuando le tocó elegir su futuro. Sin embargo, las ingenierías no habían llegado todavía a los colegios femeninos. Sin importarle, sin vivirlo como una discriminación de esa sociedad, se lanzó por sí misma a buscar dónde poder hacer realidad sus sueños. Visitó las Escuelas de Ingeniería de la Politécnica y, finalmente, se decantó por Aeronáuticos. Llegó a dudar con Navales, pero cuando le contaron que tenía que marcharse a Ferrol a estudiar, lo desechó. La luz y el buen clima eran innegociables.

En su promoción, en el primer año, en un elenco de doscientos alumnos solo había tres chicas y las otras dos eran repetidoras. La mayor parte de las clases las recibía ella como única representante del género femenino. Fue el único momento de su carrera en el que quizás se encontró algo perdida. Pero, pronto conseguiría objetivo. Ya tenía trabajo antes de terminar el último curso. El destino quiso que su primer trabajo fuese en Aena. A partir de ese momento, los aeropuertos y todo lo que les rodea se convertirían en su vida.

Su paso por la Escuela hizo que le perdiera el miedo a todo. Su primer destino fue en el aeropuerto de Fuerteventura. Una isla maravillosa que, sin embargo, sufría lo que los canarios llaman la doble insularidad. Hasta allí se fue, dejando atrás a la familia, sin muchas posibilidades de verlos con cierta frecuencia. Por entonces, los vuelos a Madrid eran escasos y muy caros. Sin los referentes que lo habían sido todo en su vida, se centró en aprender y aprender. Cuenta, con cierta gracia, que llegó a hacerse amiga del coronel jefe de la Legión. Las Comunidades Autónomas todavía no habían inventado los Centros de Emergencia Territoriales. La Legión era la que se encargaba de cualquier asunto y, en el Plan de Emergencias del aeropuerto, ellos eran los que tenían que dar el apoyo externo.

Eran años de carencia de profesionales en las islas afortunadas. No habría conseguido salir de allí si no se hubiese familiarizado con las intrigas palaciegas, la forma más común de moverse profesionalmente en las grandes empresas y corporaciones. En el aeropuerto valoraban su trabajo, pero llegó a ganarse la fama de alguien que había roto el sagrado acuerdo de no saltarse los “cauces reglamentarios”. Su determinación le dejó no pocas magulladuras personales. Después de pasar por los aeropuertos de Madrid Barajas, Lanzarote y Enaire dejó Aena para comenzar una carrera profesional no exenta de riesgos. Si no arriesgas, no puedes progresar, me dice, con el rostro serio de quien mira hacia atrás repasando las cicatrices que el camino ha ido moteando en su ánimo. Mila no dudó en dar un nuevo salto, embarcándose, junto a su compañero, también ingeniero aeronáutico, en un proyecto que les regalaría dos años en Panamá, en una obra que una constructora española había conseguido en el aeropuerto principal del país, Tocumen.

Quisieron las circunstancias que nuestras carreras profesionales se cruzaran de manera directa. Ella, ya de vuelta a España, acababa de crear con su pareja una empresa de ingeniería: Gesnaer. Su primer contrato fue con mi propia consultora, Zabir, hasta que, con el esfuerzo y la habilidad de saber moverse en Aena, fueron haciendo crecer Gesnaer hasta lo que es hoy: una empresa con más de 200 empleados, casi todos ellos ingenieros.

Mila es un torrente de recuerdos y anécdotas. En medio de la conversación, la interrumpo para preguntarle cómo es la experiencia de gestionar una empresa con su pareja. No es sencillo, los problemas de la empresa siguen vivos al llegar a casa y, también, los problemas de relación a veces tenían continuidad en la oficina, cuenta, antes de reflexionar para decirme que la madurez y tener claros los objetivos han sido claves en el éxito de su empresa. Hoy siguen dirigiéndola entre ambos, pese a que ya han separado sus vidas personales. Y no por ello dejan de seguir creciendo y cumpliendo sus objetivos.

Después de más de 30 años de trabajo, no piensa en jubilarse. Mientras siga divirtiéndome, no pararé. Eso se lo debe a los estudios en aeronáuticos. Los vivió como una puerta hacia el futuro, como un observatorio permanente hacia cosas nuevas. Y también como una forma de devolverle con grandeza al mundo algo de lo que le quitamos cada día.  

Más de 30 años rodeada de hombres, en la universidad y en el trabajo, no recuerda ninguna discriminación por el hecho de ser mujer. O, como lo expresa ella, no he sido consciente. Con el foco siempre puesto en sus sueños, nunca se ha visto rechazada ni perjudicada por razones de género. Los complejos no existen para ella. Me confiesa, muy seria, que ella nunca ha visto los “techos de cristal”. Allá donde quiso llegar, llegó. El sector aeroportuario, cuando comencé a trabajar en los aeropuertos, era bastante machista, cierto, me dice. A mí me parecía algo normal, nada que fuese diferente al resto de la sociedad. Pero era cuestión de adaptarse y vivir sin miedo ni pedir permiso. Mila ha dirigido a multitud de equipos masculinos, sin sentirse nunca incómoda. Sentirse atacada o discriminada por su condición femenina nunca le ha ocupado un lugar entre sus preocupaciones.

Por sus manos han pasado muchos ingenieros. Pero sigue pensando que, a pesar de tantas iniciativas en materia de igualdad, sigue siendo difícil para las chicas encontrar los papeles de la Universidad Politécnica. Piensa que todavía las mujeres se incorporan a cuentagotas a los estudios de ingeniería. De alguna manera, cree que existe una limitación autoimpuesta en las jóvenes estudiantes, un rechazo a las ingenierías porque piensan que no es un mundo para ellas. En su empresa, que por el tipo de contratos que tienen maneja elevados índices de rotación, no consiguen superar el 30% de mujeres ingenieras. Sencillamente, no hay mujeres ingenieras en el mercado laboral. Mi empresa siempre está presente en las presentaciones de oportunidades de empleo en las universidades. Yo entrego títulos a los recién egresados, para demostrarles que las mujeres también pueden ser ingenieras. Pero, en la primera fila, la reservada a los directivos de las empresas que patrocinan las presentaciones, siempre estoy sola como única mujer.

Se la ve satisfecha y feliz. Cree que ha conseguido mucho más de lo que pensaba que podría conseguir cuando buscaba un lugar en el que seguir los pasos que marcó su padre. La vida me ha tratado bien. Mila es una ingeniera sin complejos que progresa profesionalmente amando la ingeniería. No se considera ejemplo de nada. Pero su forma rebelde, decidida y valiente de vivir su profesión es, sin duda, un referente para cualquier mujer joven que se plantee iniciar estudios universitarios. Una prueba de que se puede conseguir lo que uno se proponga. Sin importar el género.

2 Comentarios

  • Rafael Echevarne
    Al corriente 16/03/2026 en 14:20

    Gran artículo, gran Mila. Gracias, Tomás.

  • José
    Al corriente 26/03/2026 en 20:23
    4.8/5

    Muchas gracias, Tomás. Un artículo de lucha y superación. Instruye y emociona.

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