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102# “Europa quiere trabajadores, no personas”. Aziz Allaouzi: una voz necesaria

Nos conocimos en la presentación de un libro imprescindible: la historia de Djabou: una mujer africana de los miles que cada año sufren la ablación durante su infancia. Mujer valiente, por contarlo, por decirle al mundo que las prácticas tribales y bárbaras siguen mutilando cada día a seres humanos. Aziz era uno de los que le mostraron su apoyo.  A través de su Fundación, Ibn Battuta, se empeña a diario por mejorarle la vida en nuestro país a miles de inmigrantes.

Lo que más impresiona de Aziz no es su trabajo de gigantes: es la calma con la que habla de una materia, la inmigración, que en toda Europa y ahora también en España es un frente de batalla, un tema que convierte con demasiada frecuencia una charla inocente en una pelea entre familiares y amigos. En una sociedad tan polarizada, lo asombroso es encontrar a hombres comprometidos, como Aziz, hablándonos de manera serena, aportando datos certeros, relativizando un debate que algunos han convertido en una bandera política.

Su Fundación tiene su sede en el barrio de Vallecas, a pocos metros de la Asamblea de la Comunidad de Madrid. Mientras hacíamos tiempo para la entrevista, a pocos metros de la entrada a sus oficinas, nos llamó la atención la concentración en un parque de cerca de una docena de hombres y mujeres mayores asistidos por alguna cuidadora. Naturalmente, las cuidadoras tenían rasgos latinos. Tomamos un café en un bar atendido por una camarera que, por su acento, podría ser rumana. Y al poco rato entró un cliente que sin duda era de origen magrebí.

La Fundación Ibn Battuta, como decenas de otras similares, hace su labor gracias al apoyo público, mediante proyectos subvencionados que cada año deben conseguir con sus propuestas. También reciben financiación privada, como la que obtienen de la Obra Social de la Caixa. Aziz nos cuenta que están acostumbrados a trabajar con todas las administraciones y nos reconoce que están contentos con la Comunidad de Madrid. “Al final, las administraciones son personas, y siempre encuentras buenas personas si buscas bien”, nos dice.

Comenzaron su andadura en 1990, como una Asociación que se transformó en Fundación en 2013. Desde sus orígenes se han centrado en trabajar por la integración de los inmigrantes en la sociedad española, dándoles apoyos tan básicos como la enseñanza del idioma, asistencia social, legal y programas de orientación para problemas específicos, como la violencia de género o la xenofobia. Sus beneficiarios tienen principalmente origen magrebí y subsahariano, que son los que encuentran mayores dificultades por la limitación del idioma; aunque también atienden a personas de origen latino.

Aziz es una verdadera enciclopedia de la migración. Nada más comenzar nuestra charla, se lanza a darnos datos y contexto al “problema de la migración”: “En España, el problema de la migración es reciente. En 1998, poco después de la creación de nuestra Asociación, solo el 1,6% de los censados en España eran extranjeros; ahora, en 2026, los nacidos fuera en el extranjero supera los 10 millones; o sea, más de un 20% de la población”. “En algo menos de 20 años, el salto en las estadísticas ha sido enorme, cierto, pero es una preocupación reciente. Europa, en cambio, lleva 80 años recibiendo migrantes. La media de población extranjera en la UE es del 14,4% (según datos de Eurostats), pero hay países en los que se supera ampliamente el 20%”.

Pese al ruido casi diario entre los partidos políticos españoles, Aziz piensa que el discurso migratorio sigue de modo natural en España. “Aquí, todavía no hemos llegado al odio y la segregación”. “En Europa, la aceptan; no les queda otro remedio si quieren seguir creciendo. Saben que la llegada de migrantes es su salvación, pero en España el discurso antinmigración es una muestra de disgusto por lo rápido que ha crecido”.

Vuelve a regalarnos datos asombrosos. Por ejemplo, que Italia pierde 150.000 “italianos de pura cepa” cada año sin encontrarse en las épocas dramáticas de los años 20 y 30 del siglo pasado en las que la migración de esos italianos puros llenaba las ciudades de los Estados Unidos. Sin contar la llegada de inmigrantes, la pérdida de población en toda Europa sigue el mismo patrón que en Italia. El drama, nos cuenta, dándonos el título a esta entrevista, es que “Europa quiere trabajadores, pero no personas”. Y en España se está muy lejos de esa percepción. Entre otras razones, por los extensos e históricos lazos culturales, religiosos y lingüísticos con América Latina, el continente que es el principal proveedor de migrantes a España. El Estado español, con todas sus administraciones, no ha llegado todavía a impulsar medidas efectivas de segregación ni de expulsión; aunque este punto puede que esté, en estos momentos, en el filo de lo posible en los próximos años.

Aziz nos avanza otra conclusión preocupante. La segregación, que es la tendencia política dominante ahora en Europa, es el gran cáncer de las sociedades europeas, repletas de ciudadanos acomodados, insensibles a la naturaleza humana de una vida en igualdad. Cree en un mundo de iguales, sin importar la lengua, la religión o la cultura. Y, en verdad, el mestizaje debería ser imparable en la humanidad. Salvo los que ven el mundo bajo el prisma de una pureza inexistente.

Países como Francia, tras el colapso militar de sus colonias en África, como Argelia, empezaron a crear barrios solo para migrantes, auténticos guetos de los que no pueden salir salvo que el migrante se convierta en una estrella del deporte o de la cultura. En grandes ciudades europeas, el ejemplo de Francia se ha ido creando de manera natural, aislando las zonas en las que habitan los inmigrantes. Barrios en los que basta una pequeña mecha para que prenda la violencia y el odio contra el migrante.

Llegamos a uno de los temas que viene centrando un agrio debate en la sociedad y las administraciones españolas. Los menores no acompañados. “El lugar perfecto para un menor es su familia”. Algo verdaderamente grave debe de suceder en sus lugares de origen para que decidan emprender una aventura tan arriesgada e incierta. En España se calcula que hay unos 12.000 menores no acompañados; si bien, nos cuenta, nadie sabe con certeza el número. “Muchos huyen de los sistemas de acogida y tutela, se van a Europa, tal vez a reunirse con otros familiares. O tal vez conscientes de las dificultades que les esperan en estos centros”. Nos recuerda insistentemente, casi para machacar las conciencias de los que los rechazan, que solo son niños. Niños que tienen sus sueños, que precisan de una familia que les arrope. Y, al final del trayecto, necesitan una manera de ganarse la vida si no queremos condenarlos a la delincuencia.

Nos cuenta que el 76% de los menores no acompañados están en Andalucía, aunque haya sido Canarias la región que más ruido ha hecho para su relocalización. Le pregunto que por qué piensa que las diferentes regiones no los quieren acoger. “Los vecinos no quieren tener al lado de sus casas estos centros de acogida y algunos partidos, como Vox, hacen de ese rechazo una bandera populista”.  Conversamos sobre Angela Merkel, a la que dediqué mi artículo 100 por una frase tan oportuna como eterna: “Nos lo podemos permitir”, dijo, ante la masiva llegada de sirios por la guerra en ese país. “Es impensable que un país, como España, con un PIB de dos billones de dólares, un país que cada año gasta un 45% de ese PIB, no pueda hacerse cargo de 12.000 niños”. “La gran mayoría de los menores no acompañados sale adelante. A partir de los 16 años se les otorga el permiso de residencia y de trabajo. Un paso fundamental en sus vidas, para poder encaminarlos hacia el mercado laboral”.La Fundación de Aziz tiene un programa específico para la integración plena de esos menores. “Autonomía para los ex menores”, un proyecto impulsado desde la Comunidad de Madrid para integrarlos en la sociedad.

La conversación se hace cada vez más sencilla con Aziz. Repasamos algunos de los capítulos menos conocidos del problema migratorio, como el caso de los que entran en España en busca de refugio. Un problema que yo creía entender bien, pero que es mucho más complejo y dramático de lo que cabría esperar. Nos explica los dos niveles en el sistema de aceptación de los refugiados. Un primer nivel, que se activa cuando el solicitante de refugio lo comunica a la policía en el aeropuerto. En ese momento, el solicitante y su familia entran en un módulo —en el caso de Madrid está situado en el satélite de la terminal T4 de Barajas— que no tiene ventanas al exterior. Allí permanecen retenidos, mezclados todos, hombres, mujeres y niños, mientras el Ministerio del Interior hace la consulta al Alto Comisionado de Naciones Unidas sobre si el solicitante es elegible para acogerse a la protección internacional. La decisión depende de que Naciones Unidas estime como zona de alto riesgo el país o lugar de residencia del solicitante. Por ejemplo, hasta hace poco tiempo, Siria estaba en ese selecto y trágico club de países desde los que salir en busca de asilo. Ahora, en cambio, con una situación humanitaria incluso peor que durante la guerra, ya no es considerada zona de alto riesgo. “En ese módulo, cerrado y sin ventanas, se viven auténticos dramas. Personas que intentan suicidarse, que se tragan pilas —ahora las han prohibido— cuando reciben la noticia de que han sido rechazados”.

Si han tenido la suerte de salir de ese módulo, entonces entran en un segundo nivel: todavía no pueden estar seguros de haber encontrado salida al drama que les hizo solicitar el refugio. Con la ayuda de instituciones como Cruz Roja y otras ONG, son llevados, generalmente a hoteles o dependencias de la Cruz Roja, hasta que sus papeles finalmente hayan sido aprobados. Puede que en ese segundo nivel también sean rechazados. Puede que tengan suerte y al fin puedan iniciar una vida ordenada. Pero la administración es lenta y pueden pasarse meses en ese “encierro de lujo”. ¿Cuántas veces habremos escuchado el mensaje populista, en RRSS, sobre todo, de migrantes que viven en hoteles de 4 estrellas mientras los españoles andan sin vivienda? La frase de Merkel, “nos lo podemos permitir”, vuelve a brotar en el diálogo.

La Fundación de Aziz trabaja con muchos musulmanes, como resulta lógico, habiendo sido un proyecto que nació por el impulso de ciudadanos marroquíes y españoles. Y al hablar de “islamofobia” y rechazo global a la migración, nos desvela una nueva sorpresa. Muchos podríamos pensar que el país más antipático del mundo con la migración es Estados Unidos, especialmente la América de Trump. O la vieja Europa, supremacista y explotadora del continente africano durante siglos. Pues no. Los países más antipáticos hacia los migrantes musulmanes son los países árabes. Los ricos países árabes: Arabia, Emiratos, Bahréin, Catar… Países tan ricos, con la misma cultura y religión, son, en cambio, los más fieros en rechazarles. “Es sencillo, todos son árabes. Y como tribus que fueron, si les dejan entrar y prosperar, temen que al final expulsen a las familias que hoy se reparten todo el poder y la riqueza”.

Hablamos de muchas cosas más. De violencia de género —teme que, en los próximos años en su país, Marruecos, crezca, debido las tensiones sociales que se producen cuando las mujeres avanzan en autonomía económica, haciendo que cambien los roles tradicionales en las familias—, de cultura, de educación, la base para superar todos los odios. Nos regala la frase de Mandela: “La educación es la mejor herramienta para cambiar a los pueblos”. Aziz lleva casi 30 años entregado en cuerpo y alma a hacer realidad esa máxima del líder africano. Cambiar pueblos para hacerlos más humanos, integrados y mestizos. Su lucha es enfrentarse a los que construyen muros y diseñan sociedades segregadas.

Mientras que uno solo de los que lean esta entrevista sienta que también quieren trabajadores, pero no seres humanos, el trabajo de grandes hombres, como Aziz, seguirá siendo impagable.

2 Comentarios

  • jose
    Al corriente 22/06/2026 en 18:38

    Fantastico , es verdad que gran problema tiene el mundo

  • Gloria
    Al corriente 24/06/2026 en 16:20

    Muy bueno Tomás y muy ilustrativo. Realmente interesante

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