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#48 Hamás

Tiene aspecto de comerciante, de alguien acostumbrado al regateo y el engaño, aunque muestra una sonrisa burlona, podría decirse que casi piadosa. La cara, bruñida y sudorosa, está adornada con una densa barba que parece descuidada. En su silla de ruedas, Ahmed Yassin, fundador de Hamás, tetrapléjico y casi ciego, salía de una mezquita después de hacer el primer rezo de la mañana, el Fajr, cuando un misil disparado por los israelitas acababa con su vida y la de sus escoltas y acompañantes. Los noticiarios nos mostraron su rostro con la noticia. Un rostro cualquiera más.

Era 2004 y, por entonces, la comunidad internacional todavía condenaba los asesinatos selectivos perpetrados por el ejercicio israelí. Aunque fuesen cometidos contra líderes de Hamás. Las calles de Gaza se llenaron con una multitud en la despedida de su líder. Sin embargo, pese al ataque que acabó con la vida del líder supremo de Hamás, corrían buenos tiempos para la paz. Israel había ordenado una retirada unilateral de las fuerzas de ocupación en Gaza y Cisjordania, un movimiento que los observadores del conflicto palestino-israelí consideraron que era más estratégico y logístico que un gesto verdadero de impulso de la paz.

De niño, Ahmed Yassin, vio cómo toda su aldea era arrasada por tropas y colonos israelíes. Se vivían las primeras escaramuzas de la guerra árabe israelí de 1948, que tenía lugar poco después de la decisión de los británicos, recientes vencedores de la Segunda Guerra Mundial, de crear un Estado para Israel después de los años de Protectorado. El día que comenzó el ataque, centenares de militares de la Brigada Guivati, creada por el nuevo Estado precisamente para conquistar territorios más allá de los límites establecidos en su creación, atacaron a los habitantes de la aldea. Acompañando a los miembros de la Brigada marchaban decenas de colonos, armados de rifles y palos. Cuando se retiraron los militares, los colonos siguieron con el hostigamiento hasta limpiar de palestinos toda la aldea.

El lugar de nacimiento de Ahmed estaba muy cerca de Ascalón, que fue una magnífica ciudad en los tiempos del Imperio Otomano. Los judíos querían demolerlo todo para destinar las excelentes tierras de Ascalón, bañadas por la brisa salina del Mediterráneo, al cultivo. Junto a Ahmed, los pocos supervivientes de la matanza orquestada por los judíos huyeron a Gaza, al campo de refugiados de al-Shak, muy cerca de la costa.

La familia de Ahmed logró salir adelante, primero cultivando tierras cerca del campo de refugiados, más tarde regentando una tienda de comestibles. Jugando al fútbol con otros niños, Ahmed sufrió un accidente que le dejaría tetrapléjico. El odio que ya arrastraba desde la expulsión de su aldea fue creciendo en su interior, avivado por la desgracia y la mala suerte de verse condenado a vivir en una silla de ruedas toda su vida. Sus padres, en cambio, aceptaron su suerte, le animaron a que siguiese con sus estudios y consiguieron que Ahmed fuera admitido en la Universidad de El Cairo. Allí conocería a activistas de los Hermanos Musulmanes.

En El Cairo, atraído por las consignas de los Hermanos Musulmanes, se hizo islamista. Se convirtió en un religioso extremista, decidido a impulsar la creación de un Estado islámico para los palestinos que expulsara de las tierras de Israel a los judíos. El odio que crecía en su interior y la rabia acumulada desde su niñez fueron el combustible que encendió la mecha de su ideario político. El Corán y las Sunnas, inspiradas en las revelaciones del Profeta, habrían de convertirse en la guía y los valores que deberían regir todo en la vida, la suya propia y la de los palestinos en su conjunto, para la familia y también para el deseado Estado islámico.

Cuando volvió a Gaza desde Egipto, las cosas no marchaban bien. El hostigamiento israelí no cesaba. A pesar del armisticio posterior a la guerra de 1948, que delimitaba las zonas israelíes y palestinas, los judíos invadían aldeas y pueblos palestinos para ocupar sus tierras. Al mismo tiempo, ejercían el gobierno, ignorando y perjudicando en todos los aspectos de la vida diaria a los ciudadanos palestinos que habitaban en territorio controlado por Israel. Las expropiaciones forzosas de tierras y casas, ejecutadas con violencia y con el apoyo del ejército israelí, eran constantes, sin que los palestinos tuviesen jamás una compensación o un juicio justo.

El destino de todos los palestinos expulsados de territorio israelí era Gaza, y en menor medida, los altos del Golán, Cisjordania y el sur del Líbano. La presión demográfica en la franja hacía que la vida en Gaza fuese cada vez más difícil para sus habitantes, convirtiendo la zona delimitada por el armisticio de 1948 en un auténtico gueto.

Pese a las condiciones difíciles en Gaza, Ahmed consiguió un trabajo de profesor y se casó. A su mujer le dejaría once hijos antes de morir. El ´pulpito de profesor le brindó un altavoz para propagar sus ideas y, tras crear formalmente Hamás, ordenaría a sus seguidores que ejecutasen asesinatos de palestinos, acusados de colaborar con la indigna invasión judía, y también de israelitas. Ahmed, siempre con su aspecto ceñudo, de carácter severo, era un auténtico azote para aquellos que se separasen de sus dogmas extremos.

El ideario de Hamás pretendía, quién sabe si todavía están en condiciones de pretenderlo, la creación de un Estado islámico en Palestina. Su territorio sería todo Israel, incluyendo la franja de Gaza y Cisjordania, aunque con el tiempo no tuvieron más remedio que ajustar sus deseos a la realidad surgida tras la última derrota árabe en 1968, ciñendo el mapa de la soñada Palestina islámica a la llamada “línea verde”, la definida tras el armisticio de la guerra de 1948.

La historia personal del fundador de Hamás y la evolución de esa organización, que lleva a sus espaldas una larga lista de atentados, torturas y asesinatos, de judíos y palestinos, bastaría para comprender la decisión de declararla organización terrorista por parte de los Estados Unidos, la Unión Europea y numerosos otros Estados. Pero la historia no siempre es tan sencilla, especialmente cuando trata de explicar acontecimientos complejos.

Algunos historiadores defienden que Israel ayudó a Ahmed en la creación de Hamás. El ciego y tetrapléjico hombre, con un cuerpo y un alma repletos de odios y rencores, podía serles de gran ayuda para atacar a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), liderada por Arafat. A Ahmed no le gustaba Arafat. Le consideraba demasiado blando y alejado de los principios puros del islam. Siempre apegado a líderes occidentales y plegándose constantemente a las exigencias de los judíos. Y a Israel, tener de su lado a un hombre con un odio tan exacerbado les permitía lavarse las manos mientras debilitaban a su enemigo, la OLP. La primera declaración de Hamás mostraba, entre líneas, su doble objetivo:

“La intifada de nuestro pueblo clamará contra la ocupación, la confiscación de la tierra y la construcción de asentamientos judíos y la política de sometimiento al sionismo. El islam es la solución. Nuestro pueblo conoce el camino del sacrificio y el martirio. Haremos que entiendan que la violencia no genera más que violencia, que la muerte no trae más que muerte”.

Treinta y seis años después de esta declaración, el mundo asiste a la cruda materialización de los principios que Ahmed hizo grabar a fuego en la piel de todos sus seguidores.

“El Profeta también combatió a los judíos y señalaba a los falsos musulmanes”, les decía Ahmed a sus seguidores. Eran otros tiempos. Los judíos en tiempos de Mahoma estaban desunidos y mal organizados. No era la potencia militar que es hoy Israel.

Los que todavía siguen a los líderes de Hamás, creerán que a los judíos les llegará la muerte en un futuro no muy lejano.

Quince siglos llevan así.

Los horrores de hoy anticipan los horrores del futuro.

2 Comentarios

  • Gustavo
    Al corriente 24/07/2025 en 10:55

    Ahora lo lei, con cierto retraso… Se me hace increible la actitud de Netanyahu y sus comparsas, una autentica desgracia para su pais y para todos los judios del mundo, es el mayor promotor del antisemitismo hoy en dia. Y ademas la garantia de que nunca va a haber paz en la region,,, si yo fuera joven o adolescente de Gaza probablemente no dudaria un segundo en alistarme en Hamas o similares, para garantizar guerra eterna a Israel mientras tuviera fuerzas para ello!
    Gracias por tu textos Tomas, siempre originales y que dan que pensar!

    • Autor de la publicación
      Tomás Aranda
      Al corriente 01/08/2025 en 09:46

      Estoy leyendo el Corán, con comentarios que ponen en contexto histórico la vida de Mahoma. La verdad es que no da muchas esperanzas. Llevan así, matándose, siglos y siglos. Ahora los judíos tienen las de ganar. No me asombra demasiado el hecho de que estemos viendo en directo un exterminio y no hagamos nada. La inutilidad de instituciones como la ONU, o la propia UE. Si lees algunos de mis artículos sobre África, descubrirás que las guerras y exterminios por allí no tienen fin. Tampoco hacemos nada. Bueno, sí, sorprendernos de que vengan inmigrantes subsaharianos jugándose la vida en un cayuco.
      Fuerte abrazo amigo.

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