Un sencillo profesor, Pasha Talankin, de la escuela primaria de Karabash. Hace cuatro años, su función era la de “coordinador de eventos”. Los fotografiaba y filmaba con orgullo y cierto sentido del humor. Su trabajo le gustaba y presumía de la escuela más grande en un pueblo pequeño de Rusia, situado entre las montañas de los Urales, que es famoso internacionalmente por ser uno de los lugares más contaminados y de menor esperanza de vida en el planeta. La UNESCO lo declaró “el sitio más tóxico del mundo”. En febrero de 2022 la vida y el trabajo de Pasha cambiarían para siempre. Su historia, sacada de Rusia de forma milagrosa, ha merecido el galardón al mejor documental en los recientes premios Oscar.

En un “lugar tan fétido”, como cuenta un reportero británico al comienzo de la película, la vida no es tan terrible. Los alumnos de la escuela de Pasha hacen lo mismo que harían otros niños en otra escuela cualquiera: disfrutan de sus celebraciones, de los logros de cada día, niños que se comportan como niños: crecen, juegan, sueñan, se enamoran y ríen. En un lugar tan fétido, no faltaban las sonrisas diarias.

La noche del 24 de febrero de 2022, los noticieros de todas las televisiones rusas abrieron con la misma primicia. La imagen pétrea, fría e impenetrable de Putin, siempre con el mismo aspecto, como si lo hubieran congelado o clonado, les decía a los rusos que su ejército acababa de emprender una “acción especial” para liberar a las Repúblicas hermanas de Donetsk y Luhansk. Al día siguiente, los televisores de cada rincón de Rusia mostraban imágenes con movimientos de tropas y material militar camino de la frontera de Ucrania mientras los ciudadanos andaban por las gélidas calles con la misma prisa o parsimonia de cualquier otro día. Los televisores también mostraban “manifestaciones espontáneas” de apoyo a su líder, flameando la bandera rusa con cara de felicidad.

Al día siguiente, todos los directores de cualquier escuela rusa recibieron un fax con un mensaje escrito en una sola página: “la nueva política de educación patriótica”.
De la noche a la mañana, los eventos que filmaba Pasha con rostros sonrientes, bromas y algarabía, comenzaron a dar testimonio de su trasformación. Una colega de Pasha le comunicó las nuevas instrucciones: los niños deberían recitar a diario textos con mensajes políticos y participar en actos de apoyo a la guerra, comenzando por un desfile matutino para izar la bandera. Para probar el grado de apego de la escuela y los docentes a las instrucciones de Putin, el nuevo trabajo de Pasha consistiría no solo en la filmación de los eventos: también de las clases diarias y los actos de afirmación nacional.
Pronto, la nueva política educativa se vio reforzada con la presencia de profesores enviados desde Moscú, auténticos comisarios políticos del régimen de Putin. Personajes que no solo reforzaban los mensajes patrióticos: también señalaban cualquier desviación de la línea marcada, señalaban a los indolentes y rebeldes. En Rusia, la historia de los señalados nunca termina bien.

A Pasha dejó de gustarle su trabajo. Los ojos de los niños reflejaban a diario el sufrimiento y la metamorfosis del colegio y de toda la sociedad rusa. Las noticias de la guerra, manoseadas por el aparato propagandístico de Putin, contaban los grandes éxitos del ejército. Pero, en los hogares de toda Rusia empezaban a echar en falta a los más jóvenes, arrastrados a un fututo sin retorno. Muchos de los alumnos de la escuela de Pasha también fueron llamados a filas.
El retrato que nos ofrece Pasha con su documental es preciso y a la vez bello, dramático. Y también cómico. A veces, las locuras de los autócratas se digieren mejor con el humor. Los rostros de sus personajes reales son cada día más serios, temerosos y, al tiempo, obligadamente marciales y disciplinados. Con la evolución de la guerra, los planes de estudios van cambiando, el relato se hace más agresivo contra el enemigo. Ya se educa decididamente en el uso de las armas y el desprecio del adversario. Los ucranianos son radicales, nazis y criminales.
El documental es un alegato maravilloso contra el adoctrinamiento en las aulas por parte de gobiernos autocráticos, como el de Putin. Y una llamada de atención a todos. Nadie está a salvo de que la mente de nuestros hijos sea conducida a lo que quiera el autócrata de turno. Nacionalismos de todo y políticos endiosados llevan toda la vida empeñados en roturar las mentes de los adolescentes, creando enemigos al terruño y la patria, decidiendo quienes son ciudadanos buenos y quienes despreciables, apuntando al que discrepa. Da igual que el régimen manipulador se vista de demócrata.

Pasha nos invita a que tomemos una decisión valiente: mantenernos vigilantes y críticos ante las derivas de los que quieren endosarnos su versión de la historia y de los valores. Contra esa amenaza, siempre quedará leer mucho, documentarse y disfrutar de películas tan inspiradoras como la de Pasha.

4 Comentarios
Susana
Tomás, fantástico como siempre y fantástica recomendación
Gloria
Como siempre interesante recomendación y y muy interesante, aunque terrible, documental
José
Muchísimas gracias, Tomás. Desde luego estos personajes no son necesarios en la sociedad? Es más sobran.
Luis Juárez
Muy interesante Tomás