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#98 Póngame kilo y medio de PPP´s

Tengo unos cuantos buenos amigos trabajando en Oriente Medio. Excelentes profesionales, atribulados estos días por las bombas que vuelan sobre sus cabezas por la guerra de Irán, sacan buen provecho de un mercado que hace honor al dicho popular: “Los árabes tienen el dinero por castigo”. En Catar, Emiratos, Omán o Saudí florecen proyectos colosales, de cifras apabullantes, en los que han encontrado su Dorado la creatividad de los mejores arquitectos, la pericia de los ingenieros punteros de todo el mundo y las habilidades de una larga lista de consultores de todo tipo.

Las ideas más extravagantes, los arquetipos más icónicos y futuristas atraen todo lo mejor del resto del mundo: empresas, profesionales, inversores, laboratorios. Todo fluye gracias al valor del oro negro que anega el subsuelo de la península arábiga, permitiéndole a países gobernados por familias inmensamente ricas deshacerse de la imagen medieval que sus sistemas de gobierno transmiten. Países como Arabia Saudí, con el prestigio todavía lastrado por sus costumbres, por la limitación de derechos a las mujeres o por la práctica de métodos de represión poco compatibles con los derechos humanos, despliegan oportunidades e ilusiones que hacen que el entusiasmo que generan deje en un oportuno olvido todas las sospechas. ¿Quién se atreve a llevarse mal con ellos? Aliados de los Estados Unidos, respetados por el resto de grandes potencias, lo único que le piden es que muestre una cara más amable…

Y se han puesto a ello. ¿Qué mejor forma de deslumbrar a todo el mundo que a través de una modernidad abrumadora? Arabia Saudí está invirtiendo incalculables billones en un adecentamiento que pasa por la estética deslumbrante de los nuevos edificios, de sus ciudades y aeropuertos, de sus infraestructuras. Por el intento de atraerse a los mejores deportistas de cualquier especialidad, o mediante la promoción del turismo y los eventos de fama mundial, como el mundial de futbol FIFA de 2036, ya confirmado por los mandatarios del futbol mundial.

El proyecto más rutilante y futurista de los que acumula el reino saudí lo han llamado Neom. Un megaproyecto que, entre otros grandes proyectos, pretende construir una nueva ciudad, completamente lineal, de 170 kilómetros de largo, con un concepto de urbanismo que recuerda a un notable número de películas de ciencia ficción. The Line, que es así como pretende llamarse la nueva urbe, situada frente al Mar Rojo, promete una ruptura absoluta con los conceptos clásicos de las ciudades actuales. Sin coches, comunicada mediante un sistema de alta velocidad interior, en trenes flotantes, con jardines verticales y todo lo inimaginable en servicios tecnológicos, pretende atraer a inversores y futuros habitantes. The Line promete ser el futuro de la humanidad, un modelo replicable aquí, en nuestro planeta, pero que inspire misiones coloniales a otros mundos.

La web de Neom epata a cualquiera que la visite con datos a cuál más grandioso y visionario. Transformaciones industriales robotizadas, inteligencia artificial, biotecnología, un puerto que pretende ser el mayor centro logístico del planeta, un aeropuerto que le sigue en megalomanía, cero emisiones, todo con energías limpias, transformar el desierto en un vergel y todo ello al tiempo que se impulsan proyectos sociales, el deporte, el turismo y el mecenazgo para cualquier cosa que se le ocurra a alguien en cualquier rincón de la Tierra. Impulsores de decenas de premios, de acuerdos con las empresas punteras de medio mundo, no han dudado en crear, también, un fondo para la financiación de semejante fiesta.

El proyecto está dando síntomas de encontrarse varado. Quizás demasiadas alegrías creativas para la receptividad de inversores y futuros clientes. Pese a que en Arabia Saudí uno tiene la impresión de que la cuenta de resultado es un adorno inservible, puede que empiecen a comprender que, incluso para el reino de Mohammed Bin Salman, el dinero es finito. Tal vez por ello, o quizás por apuntarse otro concepto que suena a moderno e imprescindible, ha empezado a aparecer con insistencia en los deseos saudíes la necesidad de disponer en su reino de PPPs: Public Private Partnership, o Participación Público Privada, en castellano. Un mecanismo contractual que tiene una misión bien clara y definida: atraer financiación privada a un proyecto determinado.

Los PPP son muy populares en países con cierta endeblez en sus capacidades financieras y sistemas fiscales insuficientes para financiarse por sí mismos o mediante deuda multilateral. Casi todos los países de América Latina han acudido en diferentes ocasiones y bajo cualquier modalidad de gobierno a este mecanismo de financiación. Gran parte de la modernización de los aeropuertos y puertos latinoamericanos, o las nuevas carreteras necesarias para impulsar sus economías, han empleado un contrato PPP para atraer inversores privados, muchas veces internacionales. Como saben los miles de expertos en este tipo de mecanismos, la esencia de los contratos PPP consiste en el establecimiento de un equilibrado reparto de los riesgos del proyecto, siendo casi siempre la demanda, la atracción para que los clientes del proyecto hagan uso de él, el riesgo que decide el aspecto final del contrato.

Hay consultores repartidos por el mundo que son capaces de venderle un PPP a cualquier gobierno. Aunque no sea la forma más adecuada de resolver los problemas de ese gobierno. Mis amigos me cuentan que ahora hay centenares de consultores sobrevolando palacios y centros de poder en Saudí para colocarle cualquier PPP al reino. Al fin y al cabo, príncipes, herederos y familiares diversos de la familia real piensan que no serán suficientemente modernos sin un PPP.

Uno se pregunta para qué diablos necesita un PPP una economía que no se despeina diseñando proyectos como Neom o cualquiera de las mega infraestructuras que tienen en la lista de deseos.

A mis amigos les digo que no se resistan. No hay nada en la vida más frustrante que confrontarle con la lógica a un rico caprichoso. Si algún príncipe saudí desea un PPP, mejor que le pongan kilo y medio.

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