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Si el próximo Primero de Mayo están de viaje por Sudáfrica, Zimbabue, Malawi o cualquiera de los países del centro y sur del continente africano, si caminan por sus calles y de pronto piensan que un tren va a arrollarles, no teman. Son cientos de miles de trabajadores manifestándose para celebrar el día de los trabajadores. Pero, en lugar de cantar La Internacional, cantan y tararean el chucu chucu-chucu de un tren.

Podría ser un trompetista de una banda de jazz del Bronx, o de Nueva Orleans. Huke Masekela, además, canta en la mayoría de sus composiciones. Su voz nos lleva, irremediablemente, a los barrios de Johannesburgo, a Soweto, a paisajes de selva y sabana, a atardeceres dorados y ensangrentados de tanta belleza, a lagos y ríos infinitos. Las canciones de Masekela nos transportan a África. Y a un tren que lleva más de un siglo acarreando migrantes para las minas de oro sudafricanas, apilados como ganado, en busca de algo de ilusión.

Masekela estuvo casado dos años con Miriam Makeba, “Mama África”, la mujer que, armada tan solo con sus canciones y su voz, se enfrentó como nadie al brutal régimen del apartheid. En la casa de Masekela y Makeba, seguro que se cocinarían decenas de himnos plagados de reivindicaciones, poemas perfumados con la sonoridad del xhosa, el idioma de ella, y el zulú, la lengua de Masekela. En algún momento, durante los dos breves años que compartieron, nacería una canción con un significado inconfundible para los trabajadores sudafricanos y los migrantes del resto del continente que, por miles, llegan a sus minas huyendo de la miseria absoluta. Su título, Stimela, significa, en lengua zulú, “el tren del carbón”. Una canción que es un relato preciso de la historia de la migración a las minas y de cómo, gracias a ella, Sudáfrica es conocido por ser uno de los principales productores mundiales de oro, de diamantes y de carbón.

Stimela avanzaba lentamente, repleto de hombres viejos y jóvenes que aspiraban a un contrato de trabajo que les enterraría cerca del corazón de la tierra en busca del esquivo metal. Dieciséis horas cada día por un salario miserable que muchas veces no llegaba.

Stimela es también un compendio de la brutalidad del régimen sudafricano antes de Mandela. Pero, pese a haber dejado atrás las atrocidades que tan bien relata su letra, los trabajadores de Sudáfrica volverán a salir a la calle este Primero de Mayo, movidos por su estribillo, reclamando condiciones de trabajo dignas y más justas.

2 Comentarios

  • Silvia
    Al corriente 01/05/2025 en 13:23

    Que bueno conocer como se celebra el día de trabajo, que el mundo es muy grande y diverso!

  • José
    Al corriente 08/04/2026 en 14:27

    Vaya historia linda y cuanto conocimiento albergas. Muchas gracias por compartirlo. Un fuerte abrazo.

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